domingo, octubre 19

la calle de la memoria

ayer leímos en la ex-esma. eramos pocos pero casi todos amigos. llegamos justo cuando se ponía el sol. la luz era gris aunque el día había estado precioso. dos perros amarillos y un cachorro muy simpático vinieron a saludarme apenas crucé el gran portón de entrada. una calle larga y arbolada llevaba al edificio donde se realizaría la lectura. antes pasé por la fachada muchos edificios, la que más me impresionó fue la de lo que había sido el hospital. un cartel precedía las escaleras. leí unos horarios, uno de atención para el personal militar y otro para la población civil. pensé en la palabra civilidad. no estoy segura de que exista. traté de espiar por las ventanas. me acordé de que cuando eramos chicos vivíamos junto enfrente de los edificios militares. repasé: el casino, la escuela de polo, el club, el barrio de oficiales, el barrio de suboficiales, la cancha de tenis, la de futbol. nada. solo encontré un dato de color: cuando fui adolescente, una noche, un soldado que estaba de guardia cruzó y dió vuelta la llave porque me vió intentando saltar el portón de mi propia casa. entonces llegué al encuentro de mariana y gabriel. me pare de costado y miré hacia atrás. había caminado alrededor de doscientos metros. ellos también. me pregunté que cosas habrían recordado. me puse a redactar, mentalmente, un principio para mis padres.

4 comentarios:

Begoña Ugalde dijo...

Llegando a mi casa te escribo
esta ha sido una semana extraña
cada día ha sido como distintos capitulos de una serie de television, de esas de adolsecentes un poco perdidos.

Ahora estoy en el Café y no tengo tu mail.
Te mando un abrazo apretado
desde chilito o desde japón?

valeria meiller dijo...

desde Chilito, tomando Once.

ro dijo...

me leíste sobre niños, orfandad y transparencias, si la vida existiera, y yo pudiera agradecerle algo, agradecería tu nacimiento, valeria meiller, entre los primeros de la lista.

Gabriel dijo...

miedo, fue raro, porque estábamos invitados y se suponía que era un lugar re-apropiado, nuestro, pero no, esas cosas creo, se hacen de a poco, como esos cristales que se pulen despacio, en años, con aliento de cabra. cuando cruzamos el portón y empezamos a caminar estábamos solos, no se veía a nadie, era temprano, la sensación extraña de estar cruzando una frontera, una de esas raras, verdes, pongamos: hungría.


si recordé fueron imágenes, que no viví, pero la sensación que tuve fue miedo, o algo así, quizá por eso cuando nos saludamos con mariana atinamos a hablar de cualquier cosa.


besos.

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