domingo, diciembre 14




la caligrafía de su nombre en chino (5)


¿Y si fuera África?
¿Y si todo hubiera sucedido muy lejos?
Lo que seguía era más bien como un sueño que se tiene temprano con la sinuosidad de una caravana de camellos:
África.
Berlín.
Caminaban sobre los codos cuando él dijo.
Tu serías feliz allí, Valeria.
Ella supo que no aprenderían a caminar de otro modo: todo era los codos, la juntura de la mañana y la extensión de un hilo amarillo visto desde el cielo.
Ella asintió sin el menor gesto- el movimiento era todo de él: los tics de la garra anaranjada del tigre y el sueño tenido en el interior de un ojo dorado.
No se tomaron de la mano ni del brazo: se dieron los codos. Estaban suspendidos como la brillantez del polvo y tenían el pecho como los sacos de aire de las gaitas. Por un segundo pensaron que no- no todo era barro negro ni el miedo a la temporada de pesca. Nadie supo si olvidaban o no la regla pero creyeron, por un instante, que era tiempo de apoyar los codos sobre la mesa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sos un milagro, Valeria.
I love you.

Anónimo dijo...

Sos un milagro, Valeria.
I love you.

ro dijo...

Me despierta muchas cosas leerte, pero el balance siempre termina dándome vueltas sobre un punto de difícil enfoque, entre la desolación que subyace en las descripciones, porque te conozco, y la delicadeza de palabras con que lográs hacerlo.
Belleza pura.
Besos.

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