jueves, diciembre 4

La califrafía de su nombre en chino (3)
Él dijo.
En la dársena hay un reguero de pájaros y el mar está afuera, en el lugar de las luces oscilantes. Es el mundo ¿Ves? Ahí dónde se curva la panza del océano se nota mejor ¿Qué te despierta? Una sensación de vértigo extraordinaria ¿No es cierto? El mundo se arquea sin derramarse pero bien podría desaparecer por un agujero negro. Cuando volvamos a la casa de campo, en el invierno, todo estará acabado pero ahora mismo el mar se mueve con lentitud, impulsado por un remo enorme y secreto.
Ella pensó.
La intimidad que me es familiar es otra: vecina de los jardines y la hora del té, bajo la excusa de los jazmines y la conversación sobre los árboles -a esta misma hora nos reuniríamos debajo de los tilos a celebrar el bullicio de los nidos y los pájaros, tendríamos el corazón de menta o de miel, algo silvestre con aroma. En la casa de campo, la pava herviría mientras nos rozáramos los codos. El codo del agua, en cambio, es solitario: ahí donde el Este se sella con la línea del horizonte todo parece muerto. Aquí se cierra mi cuerpo bajo muchos cerrojos y muchas llaves de bronce.
Y dijo.
Tengo los pies mojados y ya es casi entrada la noche. No estoy tramando nada, regresemos.

1 comentario:

Sybil Carpenter dijo...

No se cómo hacés, nena.
Pero lo hacés muy, mucho, demasiado, bien.

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